ESTADOS DE ÁNIMO JORGE BOTAS

PRÓLOGO: GLADYS ABILAR

Con un título sugerente, movilizador si se quiere de acuerdo con el momento atípico que nos toca vivir, Jorge Botas inaugura su segundo poemario. Desafiando cualquier otro factor incompatible con el hecho creativo se lanza a la conquista de su inquieta inspiración.

Un gran maestro dijo “quién es quién para juzgar la obra de un colega”. Nada más alejado de mi ánimo que someter a juicio este poemario de Jorge Botas que no requiere de presentadores y prologuistas. Estados de Ánimo se vale por sí mismo. Se sostiene holgadamente. Intentaré acompañar el nacimiento de este nuevo hijo literario de Botas para lo cual me limitaré a interpretar el espíritu de su creación.

Este compendio de poesías se ha constituido en un libro dinámico que promete deleitar al lector y captar su atención a lo largo de sus variados enfoques de la vida. Con una mirada crítica y a la vez conciliadora el autor va extrayendo el zumo de cada acontecer.

Jorge Botas es un poeta que cuenta la vida en primera persona. Y en ese “contar” la vida en clave de poesía, va desnudando su espíritu creativo. Con la audacia innata, compatible con su naturaleza peleadora (sic), escribe sin  anestesia, sin rebusques ni arreglos innecesarios. Su estilo es despojado y libre, en sentido conceptual, ya que la rima es su territorio de confort.

Como se verá, es autorreferencial, no por cuestiones de ego sino por honestidad y coraje.

Detrás de cada poema se esconde un segmento de su diario transitar; es un espejo que refleja con absoluta libertad, autoestima y autocrítica, los hechos y sucesos que acompañan su devenir en el tiempo.

Los versos tienen una agradable eufonía,  hay en juego profundos sentimientos, porque viven, laten, se huelen, se oyen, se tocan, se perciben. Tienen carnadura, como “Cofradía”, donde sobrevuelan añoranzas y nostalgias y el sentido de hermandad, complicidad y desafío. También hay una mirada sufriente en la “Pachamama”, tierno, humano, doloroso:

“Otoño y la pandemia, tensa calma

 el silencio es notable, poco viento

 La Pachamama advierte el sufrimiento,

que invade a cada uno, a cada alma.

Conmovedora “Pachamama” con todo lo que ella refiere a nuestros sentimientos. Oportuno llamamiento a nuestros orígenes, imperioso, impostergable tributo a nuestra tierra.

Los poemas se amalgaman armoniosamente logrando el equilibrio deseado para despertar el goce del lector. Cada tema es tratado con el pulso y los latidos necesarios, de manera que el mensaje sea recibido con felicidad.  Más allá de la temática desarrollada, -que en este caso es, ciertamente jugada en lo que a pandemia refiere-, hay un acierto en cada propuesta que le da un acabado pleno al texto.

En el poema titulado “La curva”, un juego de analogías nos emparenta con la cruel realidad. En el deporte, adrenalina, fuego, desafío, osadía que alude a su propia circunstancia, el reto a vivir sin red, como metáfora del flagelo que acucia nuestras vidas.

Otro poema que nos cambia el estado de ánimo es “La mejor receta”; concilia una serie de valores y virtudes parafraseando los ingredientes de una receta casera, con humor bien compensado e ironía necesaria.

La libertad es para Jorge Botas uno de los valores más preciados. La libertad atraviesa su vida como la flecha portadora de energía vital, sentido del rumbo definitivo, brújula que traspasa el tiempo y desafía el orden de las cosas –en el buen sentido, metáfora compatible con la personalidad del autor-. El desafío es el otro motor que impulsa sus actos y define una conducta que llega sin demasiados preámbulos al filo de la cordura, aunque sin transgredirla.

El poema titulado “El gorrión “, es ternura y empatía:

Se ha posado un gorrión en mi ventana…

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Sentí que el tiempo allí se detenía

Mi mente se metió en la del alado                                                                

Volamos como dos desfachatados

Ni ganas de volverme yo tenía.

Botas recurre aquí a la figura de un “El gorrión” para simbolizar la libertad. Se visualiza al autor encaramado a un gorrión en fugitivo vuelo, como el anhelo largamente soñado. Recurre, en sentido figurativo, al mimetismo. El lenguaje, genuino y llano, aporta realismo al paisaje entregándonos una bonita historia conjugada de seres diferentes, pero con un fin común: la libertad.

Estados de ánimo es como una barca meciéndose en el mar. De pronto grandes olas la agitan, de pronto mansa calma la adormece. Entre tanto, movido por una profunda sensibilidad, Jorge Botas apela a un llamamiento en cifra de letanía para sacudir las conciencias, para recuperar la sensatez:

Dios salve al mundo”

El Creador le dio al hombre

más de lo que habría esperado.

Los mares, la tierra, el viento

y un hábitat privilegiado.

Pero él, por una cosa o por otra, no lo supo preservar.

 

Imbuido por los principios éticos y morales de una enseñanza ejemplar, nos entrega un mensaje de incuestionable valor en el poema “Caridad”:

Debe ser realizada en forma voluntaria,

no tolera estridencias ni exacerbaciones,

necesita que siempre sean los corazones

los motores que impulsen su acción, tan necesaria.

 

En otros momentos de su poética vulnerabilidad nos pone frente a frente con el afamado enemigo virtual: Así nace el soneto que nos habla:

“Inmunidad”

Se nos ha puesto el mundo de cabeza,

y la humanidad, toda, está alterada,

buscando inmunidad, abarrotada

de cosas materiales, no es sorpresa.

Viendo esto me pregunto, en nuestra instancia,

si no hemos confundido al enemigo,

si no es que más nos matan el hastío,

el odio, la desidia, la ignorancia…?

 

Jorge Botas es un escritor multifacético, pragmático para encarar los vaivenes de la vida, no se priva de los arbitrios necesarios para desarrollar una idea tal como le germina en la cabeza. Ni los pecados capitales quedaron fuera de su heterogéneo poemario. La ironía, la picaresca también dicen presente:

“Pecados capitales”

Quien diga que por gula

no ha pecado,

lo reto a ver sus compras

del mercado.

 

De pronto emerge el Jorge niño evocando dulcemente al mítico ángel de la guarda. Con voz contrita y cierta aura näif, inicia la evocación:

“Mi Ángel de la Guarda”

No conozco su voz pero charlamos,

innumerables veces, con franqueza,

sabe perfectamente mis flaquezas,

y yo que es imposible que perdamos.

 

Finalmente Jorge Botas cierra este poemario con un mensaje de gratitud, donde se confiesa y sincera ante el lector que lo acompañó hasta ésta página final:

Cada poema es un hijo, de mi sangre no he tenido,
tal vez por eso es que ha sido que tanto de mí ellos tienen.
¿Quién sabe si es mi destino que este sea mi legado
y la forma en que yo pueda, hacerle un guiño al olvido?

Por eso, si estás leyendo este último poema
y si es que con tus manos el libro, vos, sostenés,
no dudes en saludarme si por allí me encontrás
pues te sentiré un amigo que veo por primera vez.

Saludo con entusiasmo a Jorge Botas por este nuevo libro que llenará de alegría muchos corazones.